Hermanas de los Pobres

de Santa Catalina de Siena

Ecuador

Comunidad de Misión en Ecuador

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Desde 1993 hasta la actualidad, las Hermanas de los Pobres han difundido su presencia fraterna y el testimonio de una vida sencilla y acogedora en Ecuador, y lo hacen ofreciendo un servicio que encarna y refleja la frase que la Fundadora había elegido como escudo central de la Congregación: “Ubi caritas Deus ibi est” (“Donde está la caridad está Dios”).
La misión de las Hijas de madre Savina en Ecuador comenzó con su llegada y su presencia en el seminario San Pedro, ubicado en la Arquidiócesis de Portoviejo.

Tras los primeros meses de inserción en la nueva realidad, comenzaron a ofrecer su disponibilidad dentro del seminario como colaboradoras de sacerdotes españoles, como responsables de la formación de seminaristas y como colaboradoras en la administración de los servicios generales. Toda la comunidad ha sido siempre muy consciente de la responsabilidad que conlleva cuando apoya a los seminaristas en el largo y delicado camino de la “transformación en Cristo”, el punto de apoyo de la formación para el sacerdocio.

Pero su misión no se detiene solo en esto, de hecho, el apostolado de las Hermanas de los Pobres en Ecuador, también incluye el trabajo catequístico y la evangelización a los niños, jóvenes y sus familias, tanto en la parroquia como en las escuelas. Ofrecen, a nivel diocesano, una contribución válida en el campo de la pastoral juvenil y vocacional, promoviendo encuentros de reflexión y oración.

Su prioridad es precisamente la formación de los jóvenes, a los que cuidan con especial dedicación y creatividad. En ella ocupa el primer lugar la educación en valores humanos y cristianos, que las Hermanas fomentan con las más variadas y eficaces estrategias, organizando misiones hacia la población rural más deficiente y necesitada, con el objetivo de acercarles la Buena Nueva; acompañando a los jóvenes en el voluntariado para concientizar sobre el sufrimiento de los demás, y enseñándoles concretamente, a acoger y respetar a toda persona necesitada, yendo más allá de los límites físicos y morales. Otro tiempo se dedica a los enfermos, a los pobres y a los ancianos, a quienes llevan ayuda y consuelo, entregándose totalmente simbolizando la prolongación de la misión de Jesús, el Cordero de Dios.

El anuncio del Evangelio es el corazón de la misión de estas Hermanas; es la gran tarea que el Señor resucitado dejó a su Iglesia. A ellos, por tanto, les pertenece la última voz de Cristo: “Id por todo el mundo, predicad el evangelio a toda criatura” (Mc 16, 15).
Es el Misionero por excelencia, el Maestro y el modelo de amor gratuito del que la Madre Savina aprendió a entregarse: “por puro amor sin medida y sin recompensa”.

comunidad misionera

Hna. Inelda

Superiora

Hna. Cristina

Hna. Vitória

Hna. Monica

Juniorista